Por LG David.

«Debe ser la última de su especie»; es lo que pensó emocionado el ornitólogo investigador después de permanecer camuflado durante interminables años en la floresta brasileña hasta descubrir, por casualidad, la presencia de la columbina ojiazul, la hermosa paloma de ojos azules que no se había vuelto a ver desde 1941.

El ave se posó curiosa frente al naturalista observándolo expectante. El pequeño corazón de la preciosa emplumada también empezó a latir con alegría… Pues creía que los humanos se habían extinguido hacía ya muchísimo tiempo.

«Debe ser el último espécimen», concluyó la plumífera para sí misma.  

Compartir esta entrada