Por: L.G. David

El radar biológico detectó al grupo de esbeltas aves planeadoras acercándose despistadas a la zona del parque eólico del Estrecho de Gibraltar. Era peligroso, pues las aspas de los aerogeneradores podían derribarlas y acabar con su vuelo hacia las cálidas tierras de África. Inmediatamente la hermosa cigüeña blanca, adiestrada para servir de guía, despegó desde su base de Tarifa para reunirse en el cielo con sus pares y conducirlas por un corredor aéreo seguro para poder sortear las turbinas eólicas y alcanzar la otra orilla del Mediterráneo.

Otro alimoche, un milano negro y un aguilucho, entrenados por la compañía eléctrica para servir de controladores aéreos naturales, se encontraban en alerta.

La temporada de migración había empezado.

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